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miércoles, 24 de mayo de 2017

Verdades amargas

Ramón Ortega
Yo no quiero mirar lo que he mirado
a través del cristal de la experiencia,
el mundo es un mercado en que se compra
amor, voluntad y conciencia.

Amigos...es mentira...no hay amigos,
la verdadera amistad es ilusión,
ella cambia, se aleja y desaparece,
con los giros que da la situación.

Amigos complacientes solo tienen
los que disfrutan de ventura y calma,
pero aquellos que abate el infortunio,
solo llevan tristezas en el alma.

En este laberinto de la vida,
donde tanto domina la maldad,
todo tiene su precio estipulado,
amores, parentesco y amistad.

El que nada atesora, nada vale,
en toda reunión pasa por necio;
y por nobles que sus hechos sean,
lo que alcanza es burla y desprecio.

Lo que brille nomás tiene cabida,
aunque brille por oro lo que es cobre,
lo que no perdonamos en la vida
es el cruel delito de haber nacido pobre.

La estupidez, el vicio y hasta el crimen
pueden tener su puesto señalado,
las llagas del defecto no se miran
si las cubre un diamante bien tallado.

La sociedad que adora su deshonra,
persigue con saña al criminal,
mas, si el puñal es de oro,
enmudece el juez...y besa el puñal.

Nada hermano es perfecto, nada afable,
todo está con lo impuro entremezclado,
el mismo corazón con ser tan noble,
cuántas veces se encuentra enmascarado.

Que existe la virtud...yo no lo niego,
pero siempre en conjunto defectuoso,
hay rasgos de virtud en el malvado,
y hay rasgos de maldad en el virtuoso.

Cuando veo a mi paso tanta infamia
y que mancha mi planta tanto lodo,
ganas me dan de maldecir la vida,
ganas me dan de maldecirlo todo.

Porque ceñido a la verdad estoy,
me dieron a libar hiel y veneno,
hiel y veneno en recompensa doy.

Y si tengo la palabra tosca,
en estas líneas oscuras y sin nombres
doblando las rodillas en el polvo,
pido perdón a Dios, pero no al hombre.

lunes, 17 de abril de 2017

No desistas

Cuando vayan mal las cosas, 
como a veces suelen ir;
cuando ofrezca tu camino
solo cuestas que subir.
Cuando tengas poco haber,
pero mucho que pagar,
y precises sonreír
aun teniendo que llorar;
cuando el dolor te agobie,
y no puedas ya sufrir,
descansar acaso debes...
¡pero nunca desistir!

Tras las sombras de la duda,
ya plateadas, ya sombrías,
puede bien seguir el triunfo,
no el fracaso que temías;
y no es dable a tu ignorancia,
figurarte cuán cercano
puede estar el bien que anhelas
y que juzgas tan lejano.

Lucha, pues, por más que tengas
en la brega que sufrir...
¡Cuando esté peor todo,
más debemos insistir!
Rudyard Kipling

miércoles, 22 de febrero de 2017

Los recuerdos son de agua

Jorge Luis Labarta Pena

Los recuerdos son de agua
y a veces se deslizan 
por la piel del alma como
cascadas de sentimientos,
como rocío de mañanas oscuras,
de noches de insomnio,
de dudas, de espera en la puerta,
de miradas perdidas,
en la infinidad de un adiós,
en la eternidad de una partida.

Los recuerdos son de agua
y a veces se nos salen
por los ojos entre valles de silencio,
entre palabras nunca dichas
y besos que nunca germinaron
agazapados en la tibieza del deseo.

Los recuerdos son de agua
y los tuyos vuelven a mí
siguiendo el ciclo interminable
que los evapora en el día
y los vuelve ríos que corren
sobre mis mejillas en las noches.

Los recuerdos son de agua...
y en esa espuma que crea
la marea de mi amor por ti,
te veo venir con tu porte de diosa,
con tu andar zalamero,
con la sonrisa en tus labios
y la mirada que ilumina...


Regresaste, es cierto,
pero los recuerdos son de agua
y de ti solo quedan despojos de antaño,
triste sombra de un amor lejano
y tengo que decirte que segundas partes
nunca fueron buenas...

Los recuerdos son de agua...
y el tuyo...el tuyo se fue
en el cauce de un adiós,
en el bote de la despedida.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Canción de otoño en primavera

Rubén Darío
(Félix Rubén García Sarmiento)

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé.

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fuente más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía.

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad, 
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!

domingo, 20 de noviembre de 2016

Mi poema de amor

"Eres mi más bello poema de amor; la eterna melodía que arrulla mis sueños". 

Amar en silencio


"Te amaré en silencio; como se ama lo prohibido e imposible".

Ilusión


"Eres mi más dulce fantasía de amor; la bella ilusión que consuela mis días de soledad". 
@jaimevillauma5030204

sábado, 12 de noviembre de 2016

Adiós

Manuel Acuña

A...
Después que el destino
me ha hundido en las congojas
del árbol que se muere
crujiendo del dolor,
truncando una por una
las flores y las hojas
que al beso de los cielos
brotaron de mi amor.

Después de que mis ramas
se han roto bajo el peso
de tanta y tanta nieve
cayendo sin cesar,
y que mi ardiente savia
se ha helado con el beso
que el ángel del invierno
me dio al atravesar.

Después... es necesario
que tú también te alejes
en pos de otras florestas
y de otro cielo en pos;
que te alces de tu nido,
que te alces y me dejes
sin escuchar mis ruegos
y sin decirme adiós.

Yo estaba solo y triste
cuando la noche te hizo
plegar las blancas alas
para acogerte a mí,
entonces mi ramaje
doliente y enfermizo
brotó sus flores todas
tan solo para mí.

En ellas te hice el nido
risueño en que dormías
de amor y de ventura
temblando en su vaivén,
y en él te hallaban siempre
las noches y los días
feliz con mi cariño
y amándote también.

¡Ah! Nunca en mis delirios
creí que fuera eterno
el sol de aquellas horas
de encanto y frenesí;
pero jamás tampoco
que el soplo del invierno
llegara entre tus cantos,
y hallándote tú aquí.

Es fuerza que te alejes...
rompiéndome en astillas;
ya siento entre mis ramas
crujir el huracán,
y heladas y temblando
mis hojas amarillas
se arrancan y vacilan
y vuelan y se van.

Adiós, paloma blanca
que huyendo de la nieve
te vas a otras regiones
y dejas tu árbol fiel;
mañana que termine
mi vida oscura y breve
ya solo tus recuerdos
palpitarán sobre él.

Es fuerza que te alejes
del cántico y del nido
tú sabes bien la historia
paloma que te vas...
El nido es el recuerdo
y el cántico el olvido,
el árbol es el siempre
y el ave es el jamás.

Adiós mientras que puedes
oír bajo este cielo
el último ¡ay! del himno
cantado por los dos...
Te vas y ya levantas
el ímpetu y el vuelo,
te vas y ya me dejas
¡paloma, adiós, adiós!

domingo, 6 de noviembre de 2016

Elogio del quetzal

José Santos Chocano

Es un pájaro mudo, pero hermoso; una alhaja
que ha salido volando de un arcón reluciente.
En el hueco de un tronco, fino estuche trabaja,
donde finge un penacho de monárquica frente.

Nunca en vil cautiverio sus prestigios rebaja;
y antes goza el orgullo de morir libremente;
si se quiebra las plumas, en su estuche se encaja
y principia a morir de la pena que siente...

Tal orgullo en su orgullo que es un símbolo alado,
por su gesto de raza, por su instinto de gloria:
él jamás vivió en rejas, ni jamás se ha manchado.

Con nobleza de artista y altivez de guerrero,
¡merecía la suerte de haber sido en la historia
un blasón con la frase de Francisco Primero!

Te amo

Fabián Ruiz



¡Te Amo! y no es: 
un te amo aniversario, 
un te amo compromiso, 
un te amo acostumbrado, 
un te amo apurado, 
un te amo también... 

¡Te Amo! y es así: 
un te amo enamorado, 
un te amo extasiado, 
un te amo demasiado, 
un te amo generoso, 
un te amo porque sí. 

¡Te Amo! 
con un “te amo” 
pronunciado por los labios 
mas gritado con el corazón.

¡Te Amo! 
con un “te amo” 
tan divino, tan humano 
como jamás alguien imaginó.

El día que me quieras

Amado Nervo

El día que me quieras tendrá más luz que junio,
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo,
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.

Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cantarinas
el día que me quieras.

El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

Cogidas de la mano, cual rubias hermanitas
luciendo galas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas
delante de tus pasos, el día que me quieras...
Y si deshojas una, te dirán su inocente,
postrer, pétalo blanco: ¡Apasionadamente!

Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras
 y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de lotos.

El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa, cada arrebol miraje
de las mil y una noche, cada brisa un cantar
cada árbol una lira, cada monte un altar.

¡El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios!